Anécdota del coche con Noe digna de ser escrita: unos 20 ó 30 min un poco eternos
¿Cómo nos podemos perder de mi coche en Huelva? Pues muy sencillo, es lo que pasa cuando todas las calles parecen iguales, cuando es de noche y cuando nos juntamos Noe y yo que, hemos descubierto que no tenemos nada de orientación. Esto ha pasado un bonito día de otoño, que cualquiera podría decir que es de invierno, en Huelva cuando nos dirigíamos a comprar el botellón malo de un chino, al que no pienso volver a comprar un botellón si no me quiero poner muy mal, porque estaba ya todo cerrado, pues bien, la recogí en su casa y nos fuimos para la zona de José Fariña, aparcamos el coche al lado, compramos todo y cuando salimos no encontramos el coche hasta como 20 o 25 más tarde, ninguna de las dos nos acordábamos de donde lo habíamos aparcado, sabíamos que estaba cerca, bueno, pasamos 3 ó 4 veces por una calle que me sonaba ya más de la cuenta pero en la que no estaba el coche y yo creía que sí, después se rompió la bolsa, empezamos a reírnos porque nos entró el pavo, seguimos andando ya no sabíamos ni donde estaba el chino ni la calle del coche ni nada, yo ya estaba harta y encime me dice Noe, tia…haber si se lo ha llevado la grúa porque estaba muy cerca del vado de un garaje, me puse más nerviosa y el coche sin aparecer, volvimos al chino como unas 4 ó 5 veces para hacer el recorrido que habíamos hecho con el coche, después vimos uno que se le parecía un montón y las dos nos hicimos ilusiones, pero no era, hasta que volvimos otra vez más al chino, cogimos calles que ni me sonnaban de haberlas cogido con el coche, por unos momentos todas las calles eran iguales, o simplemente, que como ya las habíamos cogido muchas veces, nos la aprendimos, y por fin apareció el coche, al ladito del chino, 20 o 30 minutos más tarde después de volvernos locas a las 10 de la noche buscándolo.
Un rencuentro inesperado y alguna que otra mirada
Una vez más, él, de repente, después de la nochecita de ayer, voy a misa…y a la mitad o más me da por echar un vistazo y allí lo vi, a dos banco de mi, pero sin ninguno de por medio, un saludo a su familia, un aviso de su padre de que estaba yo al lado y mi mano levantada, una miradas que se encuentran y un “hola” bajito por su parte, mas oraciones, la paz, otra mano levantada mía hacia su madre y un susurro de “la paz” a él y de repente un “Helena, que mi hermana te quiere dar la paz” y tres pasos de vuelta hacia su familia; llega el tiempo de comulgar, me levanto, él no, me mira y nos volvemos a cruzar las miradas, yo pensando en él y él no sé en qué, o lo que es peor, en quién, pero me hubiera gustado leerle el pensamiento o no, depende de lo que hubiera pensado. Fin de la misa, su hermana se acerca con él, me enseña un libro de Campanilla y yo le digo: “¡hala qué chulo Cris!”, él se preocupa por mi porque ayer terminé chunga, le digo que bien, que se me pasó rápido y me dice que le di un buen susto, le digo que lo pasé regular, le pregunto por ayer, por cómo terminó la noche y me dice que bien; me encuentro con mi abuela que también venía de esa misa, cruzamos más palabras en el camino de vuelta a mi casa porque él ha cogido el mismo camino que yo, para él esas palabras son ya pasado, para mí, una conversación más y también pasado ya pero una vez más he tenido que camuflar mis pensamientos y sentimientos, he tenido que evitar expresar con la mirada que aunque tenía cara de muy cansado por haberse acostado tarde, estaba más guapo que ayer que tenía la cara pintada de blanco, pero bueno, como dicen que la esperanza es lo último que se pierde espero no tener que evitar miradas intensas, profundas y verdaderas algún día cuando lo vea
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