Los poemas
“El final de uno es el principio de otro”,
tienen su origen en las letras que los componen.
Hay una liana entre cada uno de ellos,
tienen una conexión literaria común
y particular que se da en cada un de ellos.
Pertenecen a la poesía, ésta es su dueña.
Expresan sentimientos, ideas,
transmiten información y, con ella, historia,
dan opiniones, sirven para comunicar,
para desahogarse, para aprovechar las palabras,
incitan a escribir, enganchan,
son adictos a la borrachera de las palabras…
Formados por letras, suelen ocultar
figuras literarias que les aportan una máscara
que algunos sabemos traspasar.
Algunos se contradicen, tienen temas literarios y,
por lo tanto históricos, por excelencia.
Tienen un cierto misterio que los envuelve
y que impulsa a descubrirlos al sentir sus páginas
calando en tu mente.
Te roban tiempo no en vano porque hacen
que lo emplees cultivándote.
Han sido, son y seguirán siendo,
el entretenimiento y diversión de más de uno.
Pueden ser, o muy sinceros,
o los mentirosos más grandes jamás leídos
al ocultarse tras falsas palabras.
Todos son subjetivos porque no dejan de ser
las letras de un autor, aunque se puedan leer
objetivamente y algunos ser más objetivos que otros.
No excluyen a ninguna lengua,
pues en todas existen estas composiciones literarias.
Pueden tener un gran valor sentimental para los poetas.
Son las pequeñas obras de arte de un artista bohemio.
Han ido sufriendo las mismas evoluciones que la lengua,
porque son una consecuencia escrita
de ésta y tienen variantes;
son sabios porque poseen gran parte
de la literatura y su conocimiento y cultura es infinita.
A veces, se dejan escuchar con el ritmo musical
que sostiene a más de uno,
otras, simplemente se dejan llevar
por la rima que los compone.
Los hay de muchos tamaños y formas y todos son
igual de validos para un@ amante de las letras.
Si se saben apreciar se pueden valorar
y se puede encontrar ese punto de magia que contienen.
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