Apuntes, clases, folios escritos, bolis gastados,
participación en clase, alguna que otra pregunta,
muchas dudas, exposiciones orales, rutina, idas y venidas,
trabajos, paso de apuntes a limpio, un curso más,
unos cuantos tacos nuevos y antiguos más para estudiar,
esquematizar y memorizar si se quiere aprobar,
muchos exámenes pasados, presentes para algunos
y futuros para todo estudiante, que, afirman las sabias lenguas,
que es la mejor época y yo, no he vivido la que vendrá después…
pero esta es muy buena porque es en la que
menos responsabilidades tienes y porque es en la que
deseas comerte el mundo porque la juventud se siente cada día
y hay que aprovecharla porque se escapa.
Los exámenes que se aproximan, los nervios, el estrés,
las prisas, las noches de falta de sueño,
el tener que levantarte más temprano que de costumbre
para hacer un examen, el posible cambio de aula por el motivo
que sea que es el remate de tus nervios, el agobio,
alguna que otra lágrima fruto del estrés,
el repaso de última hora que puede que no te de tiempo
y descubres que a lo mejor tampoco de estudiarte los últimos temas;
las horas aburridas, pero duras, de estudio,
la concentración que se te va cada dos por tres o no, por alguien o algo;
el cansancio que no te permite seguir memorizando,
un dibujito porque estás cansado,
porque tienes sueño porque hay veces en las que se empieza
en horas muy malas a estudiar, o simplemente,
porque no tienes ganas, porque retomarlo y reacostumbrarte
es duro al principio, un descanso que te mereces y que te apetece
y necesitas como el comer, una salida que necesitas
y con ella todas las sonrisas que se han comido tus horas de estudio.
El tiempo pasa y ni nos damos cuenta de que seguimos estudiando,
pero menos nos daremos cuando el tiempo pase más rápido
todavía al estar trabajando y al ser más mayor.
Al final ¿se suspende o se aprueba?
te lo juegas todo a una carta, un examen definitivo
es el resultado de tus esfuerzos,
una nota implica mucho para un estudiante:
el tener que volver a pringar en verano o no.
Si no quieres aguantar a tus padres más vale
que hagas bien lo que es tu única obligación en la vida,
puedes tener más responsabilidades,
pero los estudios es tu única obligación
porque ello conlleva tu formación y tu futuro un poco más asegurado
que si no te has rebelado contra esta obligación.
La vida del estudiante es la mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario