miércoles, 10 de noviembre de 2010

cupido

Cupido

Te sorprende cuando menos te lo esperas
 y en la mayoría de los casos, cuando más lo necesitas.
Hay que temerle si no tienes tiempo
 para dedicarle a su esfuerzo
Tiene como arma unas flechas que no se pueden esquivar
 por mucho que se necesite a veces.
Con la misma inocencia e ingenuidad que un niño,
 no quiere dejar indiferente a nadie.
Puede equivocarse si una de sus flechas se desvía
 para donde no debe y hacer que salgan dos lágrimas
 de dolor por un amor no correspondido que es el que más duele
 y quien no lo ha experimentado
 es porque nunca ha amado de verdad.
Puede ser que actuara hace tiempo y que vuelva a actuar
 sin haber terminado de sacar la flecha antigua;
 también puede ser que lance la misma flecha
 dos o más veces en momentos diferentes para recordarte que él
 y sus flechas son, a veces, más fuertes que el tiempo.
Este dios romano hermano de eros es, a veces,
 demasiado pícaro porque lanza flechas al mismo tiempo
 a una pareja que más tarde, y como consecuencia de estas flechas,
 terminan juntos y así demuestra todo el amor que tiene para repartir.
Pienso que es generoso porque tiene para dar y repartir
 y sabe hacerlo bien con sus flechas,
 sabe dar en el centro del corazón del que toca pudiendo sorprenderlo
 y haciéndole ver que, como todo mortal,
 lleva impresa en la carne la debilidad del amor.
Transforma los corazones duros como piedras,
 en blandos como esponjas, los hace más vulnerables
 a los cambios de temperatura y a los cambios de pareceres.
Cuando actúa y lanza una de sus flechas,
 ten los pies en la tierra o inténtalo al menos,
 porque avecina tiempos igual de moviditos,
 de contradictorios y de contrastes como un día de otoño.
Este venusiano y marciano envía cada flecha con una pizca
 de pasión que es la que lleva las riendas del sentimiento.
Cuando atraviesa el alma parece que deja impregnado un amor,
 a simple vista inmortal, pero cuando la flecha
 de la otra persona se rompe por la mitad,
 esa idea se desvanece como el tiempo en una carrera.
Este niño alado armado con flechas y arcos es el dios de la vida
 porque la definición de amor es equivalente a la de vida
Se deja ver lanzando flechas con los ojos vendados indicando
 que el amor no entiende de razón,
 pero cualquiera podría decir que el amor tampoco entiende
 de belleza externa ni de edades ni de muros que lo obstaculicen.
Como tiene tanta experiencia porque tiene muchos años,
 sabe calcular exactamente la presión
 que tiene que ponerle en cada arco a cada flecha,
 porque si se pasa, puede dejar, en vez de un corazón enamorado,
 un corazón ensangrentado.

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