Los ojos
A veces esconden cierto misterio
que le dan un punto atrayente.
Se saben ocultar muy bien
tras miradas inocentes e ingenuas.
Los hay muy puros y algunos saben
esconder bien la maldad que los guía.
Algunos tienen el mismo color intenso que el mar
Los hay claros y oscuros, me gustan más los claros.

Es en lo primero en lo que me fijo
cuando hablo con alguien.
Pueden ser igual de dulces que un niño cantando,
igual de tiernos que la sonrisa de un bebé,
los más graciosos y puros son los de éstos.
Los hay seductores, simples, huidizos,
sorprendidos, peculiares, enamoradizos, traviesos,
cálidos, rebeldes, multicolores, hasta con puntitos negros
en el iris… de muchos adjetivos …
Pueden estar tristes o alegres, agobiados o relajados, …
Reflejan lo que la persona dice o siente,
y lo que ocultan a veces.
Pueden mentir muy bien o ser tan trasparentes
como una gota de lluvia
No saben hablar cuando deben mentir.
Los míos me delatan, es mi punto débil,
Los hay que calan porque a veces, no necesitan
ir acompañados de palabras que los expresen.
Los pícaros me encantan, porque esconden
ese punto de malicia sana que adoro.
Los necesitamos para ver y no perdernos
en la oscuridad de la noche o entre las palabras
y las letras que componen y
protegen al mundo de la literatura.
Cuando los tapan unas gafas de sol,
se ocultan mejor que nunca, pierden su expresión
y con ella la esencia que los caracteriza,
se vuelven tímidos.
Cuando son sinceros se ven como la luz del día.
La seguridad también se deja ver tras ellos.
La claridad hace que algunos cambien de color.
Deberíamos valorarlos
porque no todo el mundo los posee.
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