La envidia
Te arde en la sangre, es un sentimiento feo
y que no se puede evitar cuando aparece.
Uno de los siete pecados capitales
que te deja ver como una persona muy egoísta.
Un sentimiento muy negativo que te corroe
por dentro a veces matándote interiormente.
Se muestra en el deseo profundo de
desear lo que no se posee,
haciendo que vivas en una inútil amargura.
Este deseo de algo que no se posee
puede ser tan fuerte a veces,
que se puede llegar a convertir en obsesión.
Lleva en su sangre parte de tristeza porque
se desea la infelicidad de la otra persona.
La mayoría de la gente la ha sentido alguna vez.
Es tan egoísta que puedes desear
que a la otra persona le vaya peor que a ti.
Muestra tu lado más humano.
La que surge por culpa de Cupido,
es la peor con diferencia, porque la del corazón
es la más sincera, la que más cuesta eliminar y
la que suele ir acompañada de sus amigos los celos,
que no son más que una consecuencia de ésta.
Puede también hacer que cuentes mentiras,
está rodeada de sentimientos
y actos negativos y malvados.
Se puede convertir en un vicio
que puede derivar en la cleptomanía.
Puede convertirte en el más infeliz del mundo
por tener un corazón tan pequeño que envidia
los generosos e indiferentes.
Es una de las más antiguas características,
defectos más bien, del hombre y está unida
al ansia humana de poseer más.
Se esconde tras la máscara de la negación
a uno mismo de lo que puede ser,
a simple vista, evidente y real.
Es tan fuerte, que puede continuar después
de haber desaparecido lo deseado.
Una de sus causas más potentes puede ser la fama,
el deseo de poder, de hacerse notar,
de ser ALGUIEN, que no es otra cosa,
sino la búsqueda y reclamación
de afecto por parte de los demás.
Cuando aparece te destruye por dentro
porque sabe atacar desde lo más profundo
del ser humano, desde sus sentimientos, su raíz,
que lo más difícil de combatir bastantes veces.
Desaparece cuando has conseguido lo deseado,
lo cual no aporta ningún bien,
pues puede hacer que te sientas más poderoso
de lo que ya crees ser,
o puede desaparecer al transformarse en indiferencia,
su mayor enemiga,
ganándole así una victoria a la envidia.
Hay que intentar evitarla y desviarte de su camino
si no quieres sentirte una persona mala.
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