miércoles, 17 de noviembre de 2010

La soledad

La soledad

A veces necesitada, otras más no deseada,
el consuelo, la paz, tranquilidad y silencio de algunos
y el infierno y la cruz de otros,
el temor de muchos, el sueño de muy pocos,
es también la falta de compañía y la tristeza por ello.
Para algunos, generalmente los mayores,
una pesada cruz que nunca quieren que llegue,
pero que puede que llegue tarde o temprano,
para otros el día a día,
es la rutina que tienen por momentos,
es el destino del alguno y el futuro de otros.
Es como un día gris de invierno,
donde parece que nunca va a salir el sol
porque está tan lleno de tristeza,
que llora lágrimas de soledad.
Para los autistas, una enfermedad presente
en cada uno de sus segundos.
Te puede agobiar, nadie la quiere en su vida,
el cristiano puede llegar a no sentirla nunca,
depende de la fe y de las crisis por las que se pase.
Es la ausencia de compañía más dura en la vida.
Su opuesto es la compañía,
se manifiesta en el más desolador silencio.
Es desagradable, solo piensa en ella
sin tener en cuenta la opinión y presencia de los demás.
Cuando el silencio la abarca,
se vuelve más pura de lo que es porque
se puede escuchar en su estado natural.
Cuando llega eliminando tu compañía da qué pensar,
va de la mano con el entretenimiento y con el pensamiento,
puede ir andando con las ideas.
Puede ser ligera como una pluma
y dar para escribir mucho o para aburrirte más.
Es tan vieja como el tiempo.
Hay que aprender a no encontrarse solo aunque lo estés.
Te aprieta y te asfixia porque te puede invadir tanto
que puedes no llegar a aprender como olvidarla y no sentirla.
Es tan fría como este día de otoño,
que más bien podría decirse que es de invierno,
porque no deja de llover, como el frío que deja
en tus manos el agua de esta lluvia.
No tiene compañía ni nunca la ha conocido
porque es tan egoísta que ni la busca ni la quiere.
Uno de los temas por excelencia de la literatura
porque es el estado en el que te deja un amor profundo
al ser no correspondido, equivale a dolor y sufrimiento.
Se la asocia con colores tan fríos como ella.
Su vivencia puede ser la causa de alguna enfermedad,
su auge y su experiencia, pero no su final.
Con Dios o con gente o con los dos se puede combatir.
Es el estado continuo de la gente que se encuentra
en el infierno, o lo que es lo mismo, la gente egoísta
que no necesita de un Dios que le lleve su vida.
Un buen enemigo suyo es la oración.
Un aliado es, a parte del egoísmo, la avaricia
y el egocentrismo que en algunas personas no hace más
que acentuarse, pero cuando uno se conoce a sí mismo,
sabe como luchar contra ella.
Puede ser la consecuencia de un trauma infantil
o adolescente, o, simplemente, puede y suele ser el estado
en el que te puedes encontrar cuando estás
bajo los efectos del alcohol o las drogas.
También es triste porque no cuenta con el amor que sabe vencerla.

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