Las puertas
Las hay pequeñitas, como la de Israel de la Domus Galilea ,
por las que puedes pasar o no,
simplemente porque necesitas de alguien al lado
para que te ayude con tus cosas;
el cristiano tiene que encontrar la llave
que abre la puerta propia y especial
y un cristiano en crisis tiene que hacer el doble de esfuerzo,
porque aunque sepa cual es su llave
y la que reside en el fondo de su ser y de su sufrimiento,
necesita de más manos amigas
que cualquier otra para que le echen un cable.
Las puertas, cuando son pequeñas,
cuestan más trabajo entrar porque hay que agacharse
y porque te puedes dar un coscorrón
y puede ser que a las personas que se resisten
a humillarse no pasen por ellas,
perdiendo así la oportunidad de hacerlo
porque eso implicaría agacharse ante la otra persona.
Cuando son grandes y altas es más fácil entrar
porque como que se entra más desahogado,
pero…hay que tener cuidado con ellas,
porque son engañosas, puesto que cuando hay dos caminos,
uno con una puerta grande y otro con una pequeña,
hay que coger el camino de la puerta pequeña,
el chungo y más difícil por supuesto,
porque…aunque tenga peor pinta, siempre va a ser el correcto.
Las puertas hacen que te preguntes:
¿y qué o quién está al otro lado?
A veces no se tiene el coraje necesario para abrir una,
porque te da miedo saber o enfrentarte
a quién te está esperando en el otro lado del límite,
pueden estar entre dos países y separar dos corazones
desconectados por la falta de telepatía,
explicada en otro de mis tesoros literarios,
aunque si la persona saca el coraje y la valentía para hacerlo,
lo hará en el fondo de su alma y sin desearlo,
con miedo y con ganas, depende de los sentimientos;
se pueden abrir mucho, tanto hasta que por forzarla,
te la puedes cargar, porque ni los sentimientos
ni la fuerza se controlen (como yo he visto una vez)
y al contrario que lo dicho anteriormente,
puede ser que se rompan porque la alegría
de ver a la persona deseada que puede hacer,
para tí una eternidad que no ves ni siente,
pero que está dentro de ti, por mucho tiempo que pase
o por muy lejos que haya podido estar,
te invade tu alma y se hace dueña de tu persona por momentos,
y cuando se abre poco, puede ser que sea porque
es lo que se tenía que abrir ya sea por una simple brisa
o por un simple amago de querer actuar de acorde a tu razón,
hay puerta cerradas con muchos cerrojos
y con poca gente que posee la llave de todos
y puertas abiertas a todos los públicos,
porque no esconden nada ni ocultan nada
de maldad detrás de ellas;
si hay una puerta entre dos personas
que hay que saber abrir no es por casualidad,
porque no creo en ella;
hay puertas profundas y lejanas y otras que solo lo parecen
y puertas cercanas y puede ser que no las veas,
aunque están en tus narices, pero están ahí,
a veces, demasiado cerca, por algo:
para que te des cuenta de que te vas a chocar,
y si no lo descubres por ti mismo,
espero que tengas a alguna mano amiga
para que te avise, porque el golpe,
dependiendo de la velocidad a la que vayas,
puede ser muy duro; otras veces,
porque te has aproximado bastante y sin darte cuenta,
pero reaccionas a tiempo porque la ves tarde o temprano,
claramente, en definitiva, como hay muchas puertas
de muchos colores y tamaños,
hay que saber con cual quedarse,
porque con todas, es de avaricioso.
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