lunes, 29 de noviembre de 2010

Los números

Nos rodean porque están en todas partes,
en los libros, tarjetas, precios,
economía, matemáticas, agendas, …
Para muchos es el día a día rutinario.
Sus opuestas son las letras aunque
muchos se opongan entre ellos mismos.
Sirven para hacer cuentas, para calcular;
son necesarios para el día a día,
para llegar a un acuerdo a veces;
se dicen inconscientemente;
son pura lógica; existen desde hace mucho,
parecen abstractos por su falta de materialidad
pero no lo son; algunos son difíciles de averiguar.
Me gustaría ver cómo es un duelo entre estos
y las palabras, sin duda pienso que ganarían
las palabras porque son más sabias y profundas,
tienen más fondo, los números son más superficiales,
sabrían contrarrestarlos con buenas metáforas
que anularían toda ciencia de lógica y razón.
Se necesitan a veces para continuar
y son indispensables para muchas disciplinas.
Aunque parezca mentira, la lingüística se compone,
en parte, en sus orígenes por éstos para deducir
las posibilidades de combinaciones
de las letras que forman las palabras y la lengua
también tiene que tener
parte de matemática en sus raíces.
La mayoría de la gente tiene uno favorito,
en  los horóscopos todo signo tiene uno.
El preferido puede reflejar parte
de la personalidad de cada uno.
Hay uno de la mala suerte y otro de la buena, yo,
particularmente, no creo en las supersticiones.
Sirven para medir cantidades.
Hay tantas cifras como
esperanzas de que existe la vida eterna.
Sirven para poner un orden en la vida.

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