sábado, 25 de diciembre de 2010

sentimientos manifestados

Sentimientos ocultos

Se que soy más de las de sufrir en silencio, de las de dejar que solo esta pantalla vea lo que se derrama con cada una de mis lágrimas, soy de las que prefiere que la soledad aparezca en los momentos tristes y de dicen que llorar es bueno, yo doy fe, porque un acto tan natural y a veces espontáneo es normal que se manifieste. Prefiero no contagiar mi tristeza ni que los demás se pongan tristes por mi culpa aunque mi madre se cuele en mi habitación, porque no es tonta, para decirme ánimo y confirme sus sospechas, haciendo que comparta mi evidencia de sentimientos ocultos que han decidido manifestarse. Las palabras duelen aunque hay gente, como mi hermano, que no les de importancia, que se la quiera quitar o simplemente que ni se den cuenta de que una palabra puede atravesar más un corazón que un puñal, porque para muchos son solo simples tonterías. Dejo que mi soledad me aisle en mi mundo de rebeldía, de ira y en mi burbuja de acero que ni sé cómo romper muchas veces y es en estos momentos en los que no sé como salir de este círculo vicioso que solo conduce a un alto muro de mi silueta que tiene como base un carácter fuerte, pero tan susceptible a veces que yo misma me sorprendo. Dudas, realidad a la cara, impotencia para contrarestarla, parece todo muy difícil, mezcla de demasiados sentimientos juntos que desbordan mi mente y de repente una gota de luz que brilla en mis tinieblas, un sentimiento de seguridad y de amor a mí misma que elimina todas las dudas y contrastes, todos los duelos entre la impotencia y la solución. Es cansancio, es siempre el mismo tema, parece que no se va a terminar, es una cruz que me persigue, que me gustaría eliminar del plano de mi vida, es ley de vida; es falta de tacto en general en primera persona y con los demás, es dejar que una parte oculta de mí y que solo sale a veces, cuando la provocan más bien, gane una batalla aunque sepa que la guerra es de la mayoría de mi ser; es tristeza también por finalizar así un 25 de diciembre, pero era mi destino aunque no crea en la predestinación; al fin y al cabo no es otra que mi cruz, que más de una vez me hubiera gustado olvidar y que porto desde hace bastante tiempo, pero que sostengo con la ayuda del de arriba. Pero, siempre me quedará el beso de mi padre, que tampoco es tonto, guardado en la memoria para saber que el amor ha vencido una batalla más. Y es en estos momentos en los que no me quejo de los padres que tengo porque hay gente que ni tiene en este mundo presentes.




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