domingo, 19 de diciembre de 2010

lugares maravillosos

Lugares Maravillosos

Por supuesto no dudo del que primero mencionar que es mi playa y todo lo que ella implica, mi cambiante y extraordinario trocito de Atlántico con el que me conformo y que no cambiaría por el primero que me lo quiera arrebarar y que lo quiera camuflar, y mi cachito de cielo.
Transmiten cierta libertad que se palpa en los paisajes naturales que nos aportan una pizca de tranquilidad al aprender a escuhar el silencio
Pueden ser tan fantasiosos como los de las “Crónicas de Narnia” o cualquier otra película de ciencia ficción que moldean y ajustan la realidad imaginaria al estilo del propio mundo utópico.
Algunos son tan soñadores que solo ansían existir en la imaginación de alguien y otros tan bohemios que les gustaría cambiar su apariencia física, esconderse tras la careta de la belleza que les caracteriza, simplemente con una pincelada de un naranja oscuro en un romántico atardecer en la playa.
Son los del Polo Norte cuando en él aparece el arco-iris, cosa difícil pienso.
En ellos no abunda el negro sino mas bien su contrario, que se contrastan tanto como el propio firmamento.
Es el que deja el rastro de una estrella fugaz que se pierde en el universo y el paisaje de una noche estrellada con una grandota luna llena.
Es también el de la lava callendo por un volcán o una montaña nevada.
En el abunda la clariadad, lo que lo suele hacer más bello excepto si se ve uno en la noche, que mejor que sea una claridad tenue para no cegar, pues aunque los contrastes sean bonitos y puedan dejar buenos contrastes de colores como el lila en la playa al lado del azul oscuro de fondo pegado al narajana del atardecer, es mejor y no romper el hilo de misterio que envuélve a la noche.


Bien podría ser mas de uno que he pisado en París, Venecia, etc o los monumentos que se ven en Sevilla pero no dejarían de ser el recuerdo de espacios sentidos o más bien vividos que se han querido permanecer en un cajoncito de mi mente.
Es donde habita la imaginación, reina del mundo fantástico, que tanto envidio porque puede sondear los caminos de estos lugares maravillosos, cuando le dé la real gana y llegar a explorar y vivir en primera personas caminos que llegan a torres custodiadas por dragones, adentrarse en bosque habitados por gnomos, ninfas y hadas, colarse en el “Caribe” y darse un baño de nostalgia, tirarse por una cascada y llegar hasta la cima de un volcán que esté a punto de entrar en erupción, pasar de cero a cien en unos instantes y poder palpar el arco-iris introduciéndolo en le mundo de la realidad, jugar con las nubes a ser “Cupido” y lanzar flechas a las estrellas, manifestarse en forma de truenos, ser plasmadas en poemas en su auge más literario que exista, sumergirse en un lago y cantar con las sirenas, guiar barcos hacia nortes desconocidos, charlar con semidioses y tocar el “Vellocino de Oro”, ahogarse en océanos para ser rescatada por su hermana la creatividad, escalar duras montañas nevadas para ver como la nieve se convierte en agua, pasear por vírgenes campos y selvas y domar leones y poder coger a su amigo sol de la mano para mostrarle que se puede dar un chapuzón en alguno de los océanos y no hundirse. Pero no la envidio porque no deja de pertenecer al mundo de lo onírico que nunca podrá a sentir la realidad tan cerca como yo y porque aunque ella no sea mi esencia más importante, sé que tengo una gran parte de ella en mis entrañas.
El que más se ajusta al título es, para mí, el cielo; una de las pocas cosas que no temo a pesar de que sea desconocido para mí porque transmite paz, sabiduría, una última o primera, depende del punto de vista, experiencia nueva más para mi vida y porque tiene cierto aire de misterio que se nota en el ambiente al contemplarlo que no puede ser malo, pues ni su mismo color es oscuro. 

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