Pacto eterno
A este juego todos hemos jugado de pequeños, algun@s han sellado pactos eternos con viejas amistades hoy en día presentes o ya no, con saliva y juntando las manosy otr@s simplemente con un abrazo o un beso o, como más comúnmente se hace, estrechando la mano; yo creo qui hice alguno de esos con Maca y Noe si no recuerdo mal, de pequeña.
Es el que me hice a mí misma un día cuando la angustia me invadió y dos lágrimas me fueron robadas por el tiempo y por la falta de paciencia y seguridad en mí misma, cosa que cuando hoy en día, pocas veces me pasa, me frustro y pierdo mi norte, pues hay decisiones difíciles de tomar que hacen que la incertidumbre constante llegue. Pues bien, este pacto consistió en nunca más derramar dos lágrimas de tristeza, cosa que no he podido evitar por las malas noticias que nos tiene preparadas la vida, pero ese pacto me hizo madurar bastante, me hizo valorar muchas cosas, lo que trajo como consecuencia, el poder valorar que puedo respirar, la vida en general y todo lo que rodea a la mía. Por entonces pasé por una época en la que maduré bastante rápido porque no me quedó otra, porque los acontecimientos destinados en mi vida en ese momento parece que cogieron velocidad, se presentaron, se apresuraron y se precipitaron y tuve que reaccionar rápido cogiendo el toro por los cuernos, para variar.
Es el que me gustaría hacer con la poesía y con no permitir que ella me deje de llenar buscando la palabra adecuada en el idioma que sea para cada línea, a pesar de que tema que mis poemas se conviertan en narración poco a poco algún día en el que no me de cuenta de que/qué ha pasado.
Es el que le prometí un día al Atlántico que no rompería nunca, que aunque muchas veces lo eche de menos, siempre tendrá un hueco en mi corazón, creo que este pacto es más sentimental y de sangre que cualquier otro, pues éste me liga a mis orígenes y estas raíces ni las quiero, ni las puedo romper, ni me gustaría que el tiempo hiciera que las olvidara, pues, con ellas, se me arrancaría una parte de mi ser.
Es el que de niña sentía cada día en mi playa, sintiendo en mi piel mi parte de infancia que el tiempo me robaba día a día y dejando que mi parte de océano se llevara.
Es el que mi madre me hizo un día de corazón al darme la vida, al desear criarme, enseñarme y quererme como ella solo sabe y con la que tengo una relación especial, diferente y única.
Es el que juramos ante Dios un día de boda, pero, que desgraciadamente, a veces se rompe, pero nunca ante los ojos de Dios, esa ruptura es válida, solo si está la iglesia de por medio en algunos casos, pero simplemente pienso que, para Dios, aunque ésta esté de mediadora para romper un pacto hecho ante sus ojos, no es válido.
Es el que Dios nos regala al bautizarnosy el que sellé con una firma escribiendo mi nombre en la Biblia aceptándome como cristiana un día en un celebración religiosa muy bonita y es el que Jesús nos donnó al morir por nosotros en la cruz.
Es el que le hice al de arriba un día a causa de una vocación sentida y hoy en día pienso que ya no presente en mi vida, será cosa de Él.
Están unidos por una fuerza interior que solo se muestra cuando le da la gana de dejarse ver y que solo siente quien/quienes son capaces de percibirla.
Algunos serán eternos y por lo tanto infinitos y otros lo serán sólo durante esta vida pero igualmente son los que no quiero que se rompa, ninguno de los realizados en el pasado, por muchas situaciones difíciles a las que me tenga que enfrentar la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario