Palabras nuestras
Te he visto en Portugal porque me viene bien sentirte en este viaje y tenerte presente, ya que te tengo tan cerca del apartamento relativamente. Te necesito para desconectar, para dejar que mi tiempo sea el nuestro, para contarte cosillas y recuerdos y que me des tantos consejos como olas que te pertenecen y para que me inspires estas líneas. Cuando me acuerdo de ti, océano mío, me traes al alma amor, grandeza y misterio que envidio porque me gustaría tener tantos secretos escondidos y descubiertos por desvelar como tu, pero también tristeza porque aunque a veces estés muy presente en mi imaginación, no siento nuestros profundos latidos a la par. Me haces comenzar el día de buen ánimo y calmada como tú y me gustaría tener la misma paciencia que posees y la de la doncella contemplándote esperando a su marinero amado para tentar a la esperanza. Estás tranquilo como tu profundidad y siempre te rebelas al contemplarte en tu estado natural, como ese rayo de sol que se cuela entre las nubes y que desea brotar en más de un corazón perdido.
Me recuerdas a mi hogar dulce hogar, porque me muestras hoy una minúscula parte de él y porque compartes su misma esencia y fragancia tan natural y sana. Mi alma se emociona con tu presencia. Me gustaría poder pintarte en un cuadro o retratarte en un librote, a tu lado se ralentiza el tiempo y hasta hay veces que se paraliza y que solo existimos tú, tu esencia y yo. Tus largas olas forman figuras incompletas arrasadas por sus hermanas y hermosas olas que dejan un instantáneo rastro de sal que conduce hasta el cielo. A tu lado solo te puedo regalar palabras de amor que transmiten tu belleza y que bien te mereces pues amplías y completas poco a poco tu tesoro en mi corazón.
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