miércoles, 26 de enero de 2011

Seis meses

Hace ya algo de tiempo que me rebelé contra el camino, que decidí que era hora de que mi vida diera un giro de 180 grados y me rebelé de alguna forma, contra la forma en la que Dios me había querido trasmitir su palabra, pero, no por ello, contra ÉL; ¿quién me lo iba a decir? Yo, que pensaba estar ahí durante bastante más tiempo, pero el destino se entrometió, decidió que lo mejor para mí era que ya era hora de tomar mis propias decisiones, sobre todo, de por lo menos una tan importante como esa.
El tiempo pasa tan rápido como los diferentes paisajes que veo al otro lado de la ventana de este tren, a veces ni me doy cuenta de que pasa, le pasa a mucha gente.
Primero estuve en duda, valoré los pros y contras y ganaro los contras y después, tal y como Dios permitió que pasaran los acontecimientos, lo vi cada vez más claro en cuestión de dos semanas.
Decidí olvidar los malos ratos, preferí dejarlo en el pasado para no volver a esa comunidad jamás, decidí decir adiós o hasta luego, ¿quién sabe?
Y con ese olvido también se quedó una parte de mí, la parte de mi formación cristiana, de ver y entender la fe desde el punto de vista del camino, que no implica por ello dejar de creer en Dios ni en su palabra ni de ser cristiana.
Por esa época, tras mi marcha, descubrí el funcionamiento interno del camino, bastante radical, demasiado, diria yo, llegué a conclusiones que hasta entonces no se me habían pasado por la cabeza, vi cuanto mal puede hacer el camino y por lo contrario, cuanto bien, todo depende del tipo de gente con la que te toque convivir.
Fue entonces cuando creí que mi fe se había quedado estancada, cuando hoy en día, a veces lo sigo pensando, avanza más despacio, podría decir, va a otro ritmo, al que puede y debe ir, a lo mejor otro día si vuelvo a lo que tanto bien me hizo, retome el ritmo en el que se paró aquel día que decidí olvidar todo, pasar tres kilos de todo por una vez, menos de mí misma y de mis sentimientos.
Pienso que es una pena que por culpa de la responsabilidades escolares y por gente arrebatara de mi presente el movimiento cristiano, que tanto me ha ayudado.
Elegí no sufrir más, no ir a un sitio donde no me sentía integrada, porque gracias a Dios lo más importante que Él nos ha dado es la libertad para poder elegir, de alguna forma, nuestro destino. Y con esa decisión también elegí decirle adiós a lo que más me ha ayudado en algunos momentos de mi vida, que en verdad detrás de todo estaba Dios, a los que más me había sabido escuchar y comprender, aunque alguna que otra vez no, cosa que también me dolió bastante en su momento.
Y después nada, un enorme vacío, una falta de Dios, de alguna forma, en mi vida, simplemente las secuelas que me advirtieron que podían llegar y que llegaron, secuelas duras, pero menos dolorosas que mi estancia y permanencia allí, pues sentía demasiada impotencia como para permanecer por cosas que no entendía o que no veía lógicas. Pero, gracias a Dios, ÉL supo rellenar ese vacío con su presencia en misa, pude aprender a valorar y no despreciar una misa.
Y a veces simplemente añoranza, añoranza de alguna gente que sí que merecía la pena, recuerdos de momentos felices allí, de risas y conversaciones, de ayudas prestadas y recibidas, de palabras de Dios aunque conservo la forma de rezar cantando, de casos, de eucas y vida pasada que se quedó en el tiempo que vivió pues ahora no puedo volver literalmente, primero la obligación y luego la devoción, además entre que estoy en Sevilla, que al no caminar en Huelva no puedo aquí y que me voy de Erasmus, no es mi momento de volver.
Llegó un día en el que no más Pascuas de toda la noche en vela, no más ecos, no más obediencia a unos catequistas, llegó la hora de obedecer a las normas de la iglesia contadas por las homilías de misas populares, no más anuncios de adviento, no más eucaristías de 2 horas, no más cantos tras el atril, no más decir que puedo ser salmista cuando verdaderamente no podía, no más engañarme a mí misma creyendo que mi garganta era de hierro, no más el ridículo por estar afónica, por no coger el tono y desafinar; a eso le dije adiós más o menos hace seis meses.


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