lunes, 3 de enero de 2011

...

Tú y yo

Me has llamado con tu soplo marinero, te he escuchado, he venido en este bonito dos de enero a comprobar que sigues vivo en este nuevo 2011, a dar señales de vida y a contarte mis propósitos.
Te podría confundir con una gaviota porque eres tan libre como ellas y puedes volar con tus inmensas ala que seguro que se las has robado a alguna de ellas.
Eres tan valiente como un guerrero del XI que muestra las caracteríaticas del amor cortés: galante, bello, coqueto: cada día te vistes de un color aunque tengas uno preferido, el transparente y aunque tu apariencia natural tan solo sea el reflejo del cielo y te adornas con pequeños brillitos que provocan los rayos del sol al chocar contra tu brillante agua y le usurpas el puesto a la dama cortés que dominaba antiguamente.
Eres las dos bellezas juntas, o, mejor dicho, la del amour courtois.
Pones a prueba la valentía de muchos que creen poder surcarte sondeando nuevas rutas.
Eres tan poético con la propia poesía. Siempre tendrás un "eres" con el que hablarte, pues pareces interminable.
Eres la forma nueva cada día de la representación de dos enamorados.
Escondes tanto misterio como los Reyes Magos o el 6 de enero.
He venido para subir cada uno de los escalones que me conducen al cielo de tus muchas nubes, blancas y grises.
Eres como un libro abierto o como esta hoja de papel que se rellena con cada palabra que me inspiras.
Hueles a marismas, a infancia, a mar y a pescaditos y suenas muy bien; por tus olas se podría decir que se está librando una batalla en tus arenas.
Me produces ansia de libertad, por lo que ya sabes que te envidio.
Le he robado tiempo al tiempo para escribirte esto al contemplarte.
Esta no es tu estación preferida porque hace fresquito y solo viene a visitarte gente tan romántica como yo, en días en los que parece que el sol es puro hielo.
Eres dulce como el algodón de azúcar.
Me encanta ver como los pájaros vuelan sobre tu orilla, como un perro corre, como tus gaviotas planean, como los gorriones dan pequeños saltitos para escapar de las olas.
Me siento pequeñita ante ti.
No puedo continuar con el paseo por miedo a que tu fuerte viento se lleve nuestras ideas. Deseaba volverte a escribir sentada en tu paisaje y deseosa de que llegue el verano para surcarte de nuevo en la piragua.
Tus aguas son curativas, doy fe, porque lo he visto con mis propios ojos, y tu esencia calma mi alma en un día tan señalado como este.
Me siento frente a tu sol para seguir valorándote. Desprendes tanta pasión como el color de mis uñas y con tu interior creas preciosos y profundos versos escritos por gente menos ignorante que yo.
Tus nubes escondes bonitas formas de huellas, fantasmas y letras y de que descubra mi desbordante imaginación; las gaviotas toman el sol sin pelarse de frío, tus soplos disipan mis huellas en la arena; tu aire es tan puro y natural como tú mismo, tus olas susurran conocidas canciones, tu sonido se queda con las palabras de mis sentimientos que van a la par de tus olas, tu eco es fuerte y a veces lo echo de menos, tu alma es sencilla y del color de tus ojos, tus algas tapan durante más de 50 m tu mojada arena y tu sol, un tanto diferente por estar desplazado, parece que no se va a poner nunca.
Sentir miedo a tu lado es difícil solo cuando tu luna se deja ver.
Para conocerte hay que sentirte, para descubrirte que palparte y para escribirte, ser bohemio y tan solo tener papel y lápiz.
Me hundo entre tus arenas llegando a tu Espigón y tienes tantas cosas para decir como granos de arena.
Me desconciertas tanto como mis propias arenas porque puedes pasar de 0 a 100 en varios instantes.
Tu agua salpicada desde tus orillas deja entrever un borroso Portil.
Seguro que entre tu profundidad hay ocultos objetos, entre ellos una aleta de bucear que se me perdió una vez en la inmensidad de tu océano.
Las gaviotas alzan el vuelo como si un dragón las persiguiera
Me recuerdas noches veraniegas inolvidables que abren el abanico de la añoranza.
Eres tú, el que mejor sabe comprenderme, porque eres uno de los pocos que me ha escuchado con el corazón en la mano.
La gran bola de fuego al esconderse entre las nubes, parece abarcar el cielo entero.
Nunca me cansaré de deleitarme con tu presencia.
De repente, un conejo que parece volar y que estaba destinado a ser perseguido por un perro y acto seguido una avioneta teledirigida para molestar.
El mar se ha calmado bastante porque su eco se ha empequeñecido y aparece sobre mi dedo un bichito que quiere robarle el protagonismo al Atlántico.
Una puesta de sol demasiado oculta que no tardará en llegar pero que reservaré para cuando esté menos tímida y sus compañeros no la tapen.

No hay comentarios:

Publicar un comentario