El amargo sabor de la derrota
Una decisión equivocada y no afortunada es lo que te conduce a esto.
Una torre movida en diagonal o un peón para atrás, qué más da la casualidad y la causa de este fin. El mundo de la incoherencia que te lleva a un falso y erróneo sí puedo. La desconexión de estas frases pero con un misma base significante.
Unos dados que sacan el mínimo y que desconciertan tanto como el arco-iris.
Un, siempre deseado “de oca en oca…” final o un 12 para llegar a casa y contar 20.
Un fracaso escolar o un viaje con demasiados contratiempos que han podido arrancar dos lágrimas a unos ojos que están de vacaciones y deberían estar relajados.
Un despido o ver como un trocito de ti, de donde has crecido, se contamina.
Una amistad perdida o un amor nunca encontrado o no correspondido.
Unas palabras no encontradas o una batalla perdida a unos versos no rimados.
El fracaso de una revolución o de un acontecimiento meteorológico.
Un examen oral nervioso que conduce de cabeza al suspenso.
Recuerdos de persona añoradas que la muerte se llevó al otro mundo.
Desesperación, locura, impotencia, rabia, ira, etc. por un amor no comprendido que se debate entre un duelo entre la razón y el corazón.
Una familia desestructurada o con falta de amor.
El frío que congela los sentimientos o el calor que los derrite.
Ver como las hojas se mueren en otoño o como el tiempo arrebata momentos inolvidables en viajes maravillosos con los coleg@s.
Ver también como el aborto se lleva muchas vidas inocentes.
Ver como una flor se marchita y su belleza muere.
¿unas navidades caóticas quizás?
¿Dejar que la vida se vaya comiendo tu alegría? ¿para qué?
Todo esto siempre deja un mal sabor de boca que conduce a este título, pero dicen que después de la tormenta siempre llega la calma y, a veces con una dulce victoria aunque la derrota sea amarga.
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