Y al otro lado solo hay agua, un inmenso ocáno que parece no tener fin.
Dicen que quien juega con fuego se termina quemando, pero quien juega con agua se termina ahogando y esa es una muerte muy asfixiante. Busco el rallito de sol que se quedó en el sur. A veces pienso que la vida no es más que un juego de azar y que simplemente hay que ser valiente, coger los dados, tirar y acutar, no quedarse paralizado y ser capaz de mover la ficha a la casilla marcada; es como "Jumanji" pero en la realidad, pues mi ficción se queda en una gran utopía que está demasiado lejos como para rozarla con la yema de los dedos; la observo con ojos inocentes e ingenuos y la deseo hasta límites insospechados.
Vivo en un círculo vicioso de ideas y palabras sin sentido, que parecen que les faltan tres mareas porque no tienen orden ni compás y cuando avanzo, escasean. La existencia es tan vulnerable como el cuerpo humano y la frustación particular está de más cuando vives que la vida son tres días. El suelo es frágil y hay que aprender a pisar con cuidado y a no olvidar, a no olvidar que sigue siendo de cristal pues sé que ando sobre baldosas de cristal.
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