A veces tengo la sensación de estar viviendo en otro mundo paralelo, será por los déjà vus, o por los fenómenos paranormales o ¿quién sabe? por los pensamientos de mi cabeza; la realidad se desvanece y ni lo inimaginable existe. Sé que soy demasiado soñadora, menos mal que soñar es gratis; conservo muy presente al niño que llevamos dentro y muchas veces lo dejo salir y disfruto como cuando era petite y con la misma ingenuidad que el "Petit Nicolas". Intento poner los pies en la tierra pero hay muchas veces que no se mantienen, la fuerza de la gravedad no funciona conmigo y me elevo hasta tocar el cielo. Siento que las estelas las puedo tocar y que puedo atravesar rayos y pasar inmune; que las constelaciones se entremezclan hasta crear explosiones de fuego y que me hago amiga de los seres que forman las estrellas; las formas de las nubes me acogen y mi creatividad vuela la cometa que un día se llevó el viento; me lanzo a la originalidad de un algodón de azúcar rosa y galopo por los senderos de la vida; me paro, bajo a la realidad y mi utopía se disuelve como el azúcar. Siento que la fantasía me la robó el pasado y que el recuerdo recién vivido se quedó en la segunda estrella a la derecha.
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