martes, 8 de noviembre de 2011
Tiempo muerto
Tiempo para todo y para nada. Tiempo de risas y tristeza, de fiestas y estudio, de clases y de ocio; de trabajos, responsabilidades y obligaciones; tiempo de música y de silencios, de pensamientos y de textos; tiempo de Erasmus, tiempo de Francia; de viajes y visitas; de lluvias, frío, nubes grises, esquivar charcos y "paraplutas"; pero de salidas y crêpes en casa de la peña; de mantas, calentadores, infusiones calentitas y de quedarse mirando por la ventana cómo llueve; de rutina y hojas de árboles que se caen; de un otoño helado; de añoranza. Tiempo de vivir. Tiempo de experiencias y gente nuevas; pero desafortunadamente, no es tiempo de playa, ni de sol. Como una isla en el cielo o una nube de cristal, fragil y poderosa; como un oasis en el desierto o un reino en la luna. Tu melodía es el compás que guía mi vida. Vuelves y me haces revivir. Tus gotas no son como las de la lluvia de por aquí, son más cálidas y emptáticas. Eres pasado y recuerdo, presente y regalo y futuro y esperanza.
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