El frío helado del norte
Está llamando a la puerta y no quiero abrirle porque hace que se me caiga el moquillo. Me quiero negar a la evidencia de que en breve rozaremos los negativos. En esta noche clermontesa tiene casi la misma apariencia que la media luna; tan fría como la noche y las estrellas parecen no poseer calor. Hace que te den calambres en las piernas y te congela las extremidades tanto como si las tuvieras metidas en cubitos de hielo. Me recuerda al Papa Noel que espero que me visite este año; trae consigo los gorritos, bufandas y guantes, y le abre las puertas a la Navidad, polvorones y turrones. No quiero que el tiempo pase porque no quería creer que podía hacer más frío que en mi casa, que eso de los negativos era una leyenda urbana y que la nieve solo se podía ver en películas, pero a este ritmo, esquiaré en breve y moriré congelada con un cubata en la mano al lado de la fuente inflamable (congelada por supuesto). No lo quiero ni en pintura, prefier bastante antes a su peor enemigo. Es demasiado distante para mí. Solo lo quiero, y en condiciones, en la nevera y congelador; no transmite nada bueno y bloquea los pensamientos. Tengo la sangre demasiado caliente como para soportarlo y la garganta demasiado sensible como para entrar en guerra con él. Hace chasquear los dientes y que te entren escalofríos. El poder tolerarlo más o menos, está en los genes y costumbres.
De todo un poco
Mi musa me juega a veces una mala pasada se´ra poque me he desviado un poco, pero aún así mi imaginación consigue volar libre surcando cielos franceses, no más ataduras ni prisones, no más tener que pedir permiso al carcelero de presos sentimientos no más enterramientos de guión ni críticas destructivas; no volver a perder el sentido de la historia por unas notas muy sosegadas, olvidando los viejos y salvajes encierros interiores me doy cuenta de que es como un libro escrito por un rey que lleva su firma y sello en un domingo de descanso. Me enfado e intento encontrar cerca de mí las astucia de un encantamiento hecho por alguna amiga, sus palabras son dulzura de cristal y mi parada quiebra mi fuerza; hago un atraco a mi pasado, me disfrazo de firmeza y confianza pero sé que mi subconsciente no miente y pienso en la salvación en general, en recomenzar por un sonido nuevo intentando olvidar el ruido de la culpa y el reoncor; las paranoias se olvidan y las energías negativas se las lleva este frío, me complemento con el cartero de las cartas perdidas, olvido las trampas y egaños que se quedaron tras murallas de 5 m y me invade el deseo de mejorar, de sentirme útil, de avanzar y de que haya coherencia entre mi corazón y mi razón. Revivo proyectos pasados que se realizan en este presente diario y retomo la ilusión que dejé atracada en algún pantalán.
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