La luna
Ese misterioso satélite de la tierra que enamora,
hace de centinela en noches romántica entre dos enamorados,
ve la mitad de lo que está pasando en su planeta
a través de esos ojos ocultos,
como buen astro misterioso que tiene una cara oculta,
como mucha gente,
es testigo de todos los acontecimientos del planeta
sucedidos hasta hoy en día;
para algunas personas perdidas,
es como el norte que guía su camino
y para otros, una luz que llena la vida
y el sentido de ésta de más de uno.
Es tan romántica, que hasta es bella
porque su luz es única, se la ve solita,
pero está acompañada por el sol aunque esté
en frente de él y nunca lo pueda ver,
en el espacio no están tan lejos
y sus caminos son los mismos,
primero va el sol y después ella la sigue, como buena enamorada,
por su apariencia puede parecer fría y, aunque tenga luz,
dada por su enamorado, ser oscura por el tenebrismo
y la oscuridad que la acompañan,
puede hacer que me tomen por loca por perderme
con ella en mi sin fin de pensamientos y encontrar
la respuesta en ella y por hacerme preguntas sobre ella misma,
más de una noche ha sido la que me ha guiado cuando estaba perdida,
a solas con ella, la que me ha encontrado
y la que me ha tranquilizado y consolado
cuando dos lágrimas robadas, buscaban el final de mi mejilla
para abrirle el camino a unas cuantas más;
a simple vista parece estar tan calmada que inspira confianza,
es empática, porque con ella todo el que quiera,
puede hablar; está protegida por una cerco de luz,
que por mucho que puedas querer que no exista,
para robarle el gran encanto que ésta posee,
está ahí; es curiosa porque siempre quiere ver
a su gran enamorado sol, pero nunca podrá llegar a verlo,
solo de una forma muy disipada y de reojo
cuando se acuesta y se levanta y si consiguiera verlo
se terminaría enamorando locamente de él,
puesto que la noche y el día, por muy opuestos
que resulten a simple vista,
se atraen como dos los polos,
yo creo que en el fondo lo odia tan solo por desearlo tanto
y porque sabe que no va a poder alcanzarlo nunca,
porque le saca doce horas,
porque él es más grande y porque aunque el amor
no entienda ni de edades, ni de formas,
ni de apariencias, ni de razones,
están destinados a no poderse unir nunca,
porque se acabaría el mundo y para qué queremos más a estas alturas,
tiene varias formas y etapas por eso de lo misteriosa que es,
a veces es tan tímida que no sale cuando hay luna nueva,
porque no se atreve a aparecer delante del sol
y a veces es tan grande, como yo la ví un día en la playa,
que habría que plasmarla en una foto en la memoria de cada uno,
para que ese recuerdo siempre que se necesite pensar en algo bonito,
pueda renacer en la memoria;
a veces se viste de gala para su enamorado:
cuando está mas redonda, grande y brillante que nunca,
dependiendo de la hora tiene un color u otro;
otras veces es tan rebelde que se oculta de alguna que otra nube,
haciéndose más misteriosa todavía de lo que ya es
y dejándose ver cuando no se pone colorada,
puede parecer exótica tras una islita,
con alguna que otra palmera con cocos,
aunque esté tan lejos de serlo como los polos terrestres,
es sabia porque sabe que sus ciclos tienen
un tiempo que saben esperar,
es celosa porque es el único satélite de la tierra
y no quiera compartirla con nadie porque ella ha llegado antes
y sabe que aunque el sol siempre va a estar ahí
y es más necesario para la tierra que ella,
ella es la que lleva la noche y la juerga enterita
y siempre va a estar ahí.
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