Lluve. El otoño arrasa con el buen tiempo y me transmite la nostalgia de una patria lejana; el recuerdo se vuelve presente y este frío casi invernal me paraliza, congela mis sentimientos y los deja descapacitados e insensibles incluso al calor de una de mis noches de verano al lado del Atlántico. El buen tiempo ha pasado bastante rápido y ya lo añoro; la paciencia es una virtud y la esperanza su prima hermana.
Ya ha pasado un año desde que decidí dar un cambio en mi vida desde que decidí madurar a base de golpes. Fue en ese momento cuando cambié un poco mi visión de mis ideas, las transformé en un poco más tolerantes, lo que siempre viene bien pues los extremos no llevan a ningún lado. Fue un duro golpe que dejó sus secuelas y tuvo sus consecuencias pero pienso que en realidad estaba deseando pegármela, ni siquiera me paré a pensar el por qué de mis acciones aunque hoy en día y con una visión objetiva, pueda entenderlo. Después tan sólo quedó un frío vacío y un sin sentido incalculables que tardaron en rellenarse con un rayito de sol meses más tarde, pero que al fin llegó porque después de la tormenta sale l´arc-en-ciel.
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