Historia de amor enmascarado (mapa de ternura)
Curioso
sentimiento el amor, que, llega sin llamar a la puerta y suele irse sin
despedirse. Normalmente, cuando se es objetivo se le recibe con los brazos
abiertos para que se asiente en la montaña
de los nacimientos y desde su cima pueda ir descendiendo hasta el mar de la fascinación. Hay quienes afirman
que lo han visto, otros, que lo han sentido en el castillo de los abrazos y los más sensatos, los del amor puro,
simplemente se conforman con los primeros
besos, los más escondidos entre las grietas de la llanura del Amor Loco, que tarde o temprano siempre terminan
desembocando en la bahía de las primeras
miradas en la que surge el flechazo se
da una primera unión. Poco a poco
este sentimiento va subiendo un peldaño y va llegando hasta la fuente de la pasión y escalando las colinas de los placeres y siendo
testigo de la loca aventura que
encierra a dos almas unidas por un mismo sentimiento y con un mismo fin. En un
peldaño más el amor se consigue mantener vivo, las risas, caricias y entregas
siguen siendo la base de este amor superficial que solo sabe vivir en el teatro
de la separación. Aunque se hacen de
rogar, tarde o temprano suelen llegar las lágrimas que terminan deslizándose
hasta el lago de la indiferencia, por
el camino se van juntando desde el mar
de los celos. En la siguiente etapa, cuando se es consciente de lo que se
vive, se llega al torrente de las sinuosidades
hasta llegar al pico del mal humor,
ahí es cuando se empieza a caer empicado, bajando hasta el vacío y chocar sin
querer y muy fuerte contra el estanque
del olvido y la depresión; en este momento los peldaños ya no se suben o se
mantienen sino que se empiezan a bajar poco a poco y sin darnos cuenta hasta
llegar al valle de la desilusión y
es entonces cuando se produce la ruptura
definitiva, cuyas flechas solo parecen indicar un camino: van directas al precipicio de la soledad, una vez
pasado los bosques de la crisis y las
disputas, pero antes de saltar al vacío desde el pico más alto de la Montaña de la insatisfacción que
desemboca en este precipicio, aparece la esperanza gracias al faro de la tierna amistad que suele dar
el punto de vista que se ha debido perder en el bosque de la crisis; es entonces cuando se llega al penúltimo
peldaño, al de la libertad reencontrada,
aquella que se perdió en el mar de los
celos, pero que finalmente ha alcanzado el último peldaño, el del río calmado para dar paso, a su debido
tiempo, a la nueva montaña de los
nacimiento. Y, tras esta historia de amor caducada, una historia de la vida
misma, uno se da cuenta de que vive, de que la vida son dos días y de que pasa
igual de rápido que el minutito que se tarda en leer estas 33 líneas. La vida
en sí misma, con el amor como base de todo acto de bondad, es cíclica, lo
importante es no desesperarse entre cada ciclo y cada sonrisa que el sol nos
regala cada día.
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